Gays, gays
y más gays.
Son las 2
am de un sábado, Teenage Dream de
Katy Perry suena al mango y la fiesta está empezando. En pocos lugares se ven
tantos homosexuales juntos. Saltan, gritan, bailan y se divierten al compás de
la música, sin que les importe la mirada de otro. Bah, depende, porque algunos
están para el levante. El humo, las luces de colores, la bola de espejos
gigante y los espacios oscuros son atributos para el descontrol que en este
lugar está permitido.
En el
boliche adornan unas pantallas que proyectan imágenes de la película Esperando la carroza. Las primeras escenas
donde Antonio Gasalla aparece hecho una anciana, China Zorrilla prepara la
comida para una reunión familiar, Julio de Grazia y su esposa, sudados de tanto
estrés. No hace falta escuchar lo que dicen para saber el guion, es algo que
conocen todos. Parece que esta noche el show tiene relación con ese film
legendario de la comedia argentina. Un grupo de veinteañeros se percatan de ese
detalle: “Mirá a la Mamá Cora”, dice el rubio. “Que bizarro. Hoy va a estar
bueno el Chow”, contesta su amiga
excedida de peso. Tal vez es sólo un decorado.
Gays, gays,
muchos gays.
02:30 am.
Suena The Monster de Eminem y
Rihanna. El antiguo teatro de Colegiales (Federico Lacroze y Álvarez Thomas),
hoy Teatro Vorterix, se está llenando de más sarasas, remeras coloridas en
escote en V, mujeres con el pelo corto y de personas que vienen a bancar a sus
amigos homosexuales. Todos entran con la entrada en la mano que tiene la
insignia Plop, la fiesta gay friendly más bizarra de Buenos Aires
que se hace todas las noches de los viernes.
“Acá hay
que venir empepado, borracho, drogado, como sea. La música es alegre, tropical,
y te mambeas. Es una buena chance para flashear con amigos y las boludeces que
hacen en el escenario. Y por qué no conseguirse un chonguito que te regale
tragos all night”, aluce a los gritos
Juan Manuel, un chico de 22 años que vive en San Miguel. Lleva puesta una
remera con un primer plano de Lady Gaga, jean bien apretado y unas zapatillas
Converse amarillas que, seguramente, van a quedar negras al finalizar la noche.
Hoy se queda en lo de un amigo que vive en Capital, aprovecha para venir a Plop
y no descarta ningún tipo de propuesta indecente.
Las Fiestas
Plop tienen y han hecho historia. Si se recorre un poco de su pasado hay que
empezar indefectiblemente hablando de las Fiestas Horno. Éstas las organizaba
un grupo de teatro cuando necesitaban recaudar fondos ya que estaban en
situaciones complicadas. De a poco se fueron haciendo más populares y concurridas.
Así surge la idea de hacer otra fiesta distinta, nueva, más periódica y con
bandera gay: las Fiestas Plop! Antes se
hacían en el Teatro de Flores, en Rivadavia y Pergamino. Cambiaron de barrio
pero más o menos mantienen la misma estética y la idea fundante. Son eventos
temáticos, cada viernes hay un nuevo desafío integral. El vestuario, las
coreografías y una pequeña performance sobre la temática en cuestión son parte
del show de mitad de jornada nocturna.
03:00 am. “Caminando
por Israel, un amorcito encontraré. Cariñito, amorcito, vamos, vamos a cantar. Israel,
Israel que bonito es Israel. Israel, Israel en tus tierras bailaré”, cantan los
parlantes. Es la canción En tus tierras
bailaré de los peruanos Wendy Sulca, Delfín Hasta el Fin y La Tigresa del
Oriente. Muchos lo cantan como si fuera el hit del verano. Y eso que hace tres
años que suena ese tema. Parece que no para de llamar la atención.
Se llena.
Hay calor y una energía que va en aumento gracias a los efectos de los vicios. Las
Fiestas Plop siempre se caracterizaron por tener alcohol económico. Las barras
de la pista de abajo están abarrotadas de gente ansiosa por gotas del néctar desinhibidor.
El “Licor + Speed” que sale $30 es lo más consumido, sobretodo el de melón.
Pega al toque ese líquido verde que aparenta artificialidad en todos sus
aspectos. Pero que es rico y bien dulce, lo es.
“Todo sea
para terminar del orto”, le dice a su amiga una chica apoyada en la barra.
Tiene un piercing en la nariz al estilo vacuno, otro en la oreja con un círculo
de aire en el lóbulo de la oreja derecha y uno en el labio inferior de la boca.
Si esta chica no es lesbiana, trabaja en la Galería Bond Street. Aspectos que
indican.
03:30 am.
Se apagan las luces. Se abre el telón de terciopelo y empieza a sonar una
canción desconocida. Una especie de remix de partes de la película Esperando la Carroza: “Ana María - de
los Dolores - Buscaroli - de Musicardi. Puchero. Ravioles. ¿Dónde está la
mayonesa? ¡Ahhhh! ¿Qué hizo con mi mayonesa? Flancitos. Tres empanadas. ¿Dónde
está mi amiga?”. Mientras suena esa electrónica, los actores interpretan un
personaje del film, hacen playback y hacen una coreo. Sus vestimentas son tal
cual a los de la comedia. Todos los espectadores, atónitos desde la pista. Se
ríen, bailan y saltan. El Teatro está lleno, abajo y en el piso que tiene
arriba.
En el
escenario están: la travesti estrella, conocida como La Payuca, que siempre se
destaca en los shows; Berta, la gorda feliz; Francisco, uno de los chicos
lindos del elenco; Zulma, es un hombre con peluca carre que está vestido
siempre de mucama mala onda; Mechi, una cheta de Ramos Mejía; y otros más.
Todos forman parte de un equipo bizarro que en esta oportunidad son parte de
una película.
Suenan
otros temas, típicos de la Fiesta Plop. Porque durante los años el staff han
creado temas musicales y video clips. Mi
Aldea, Paragua, Tonta pobre tonta, Parala, Desnudita entre otros. Y los habitués las
conocen de pies a cabeza. Las bailan, gritan, y se mueven como serpientes borrachas.
Toda esta
situación la ve Alan desde la parte derecha de arriba, donde hay lugares
oscuros, donde los mortales pueden pecar hasta que los retiren del paraíso en
el amanecer. Sin embargo, allí se hallaba solo, tranquilo y sobrio. Él es un
joven de 21 años que estaba viendo el show de los bailarines guarros en el
escenario. Hace poco que frecuenta este tipo de lugares y para él es un mundo
nuevo en el que se siente más cómodo por contactarse con personas que tienen su
misma condición sexual. “Estamos acostumbrados a vivir en un ambiente muy
promiscuo, pero yo soy la excepción a la regla”, declara. Bien por él. Pero su
sintonía no está encajando con la energía que hay en la pista de abajo.
04:30 am. Se escucha We found love de Rihanna. Los presentes saben muy bien lo que
se viene. Bailan, cantan, y se van juntando de a grupos. Cuando llega el
estribillo, se forma una masa homogénea de gente que salta para todos lados. El
Pogo más grande del mundo del Indio Solari es un poroto al lado de esta bola
excitante y rociadora de tragos. Tiran a ritmo un “¡Uh, Uh!” entre golpes y
empujones de alegría, borrachera y descontrol. Esto es una verdadera fiesta y
nadie queda exenta de ella.
05:40 am.
“Oxigenada, zorra parada, cada vez estas más aguada, usa pomada de la campana
para que se te quite lo arrugada”. Una cumbia irrumpe en el boliche: Te crees la muy muy de Amandititita.
Profundo o no, las personas la cantan como si fuera un himno. Los gays bailan,
están felices y son bastantes. Pero también hay heterosexuales dando vueltas. Y
no se ve mucho una situación donde un chico es rechazado por alguien que no le
gustan los hombres, ya que entre los homosexuales se reconocen entre sí. “Ojo
de loca nunca se equivoca”, dicen algunos. Para reflexionar.
La noche se
termina, ya se fueron algunos, pero los resistentes persisten hasta el final.
Vaya a saber uno el final de cada uno de los que asistieron este viernes a
Fiestas Plop! Cansados o no, los homosexuales, las lesbianas y las personas que
apoyan la movida son parte de un submundo atípico y bizarro. Entre show,
alcohol, amigos y mucho calor humano se puede pasar muy bien.
¡Gays, gays
y más gays que salen a la calle con una sonrisa de oreja a oreja!
Enserio
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