El Cementerio Recoleta y sus
alrededores siempre fueron una zona de paseo. Las familias y el olor a
garrapiñada inundan la Plaza Francia, cercada por ferias artesanales y
espectáculos infantiles. El Centro Cultural,
el Buenos Aires Desing y el nuevo Shopping Village son focos de
convocatoria para las tardes de fin de semana y el turismo en general. En su
conjunto convierten una porción del barrio en un centro de recreación y ocio.
BRUT – RECOLETA - 2010 - SANTIAGO (16 AÑOS)
— Fue una de esas noches que terminan
temprano y no sabés qué hacer. Agarramos el auto y fuimos con un amigo a Brut
que es lujoso, pero no como Madaho’s. Estaba lleno de viejos con saco y corbata.
Los pendejos vamos los días que nos pinta hacer la locura, pero los grandes lo
hacen por deporte. Las minas se te tiran. Algunas se sientan y te dan charla,
pero tenés que comprarles una copita de champagne. Eran como 150 pesos la
copita. El sexo lo pagás aparte. Serían la entrada con consumición, la copita, el
polvo y el telo.
Nos habíamos quedado sin plata así
que tuve que ir a mi casa a buscar más y volver. Las chicas nos esperaron ahí,
vestidas de gato bien barato. Me dio mucha vergüenza salir con ella de ese
lugar.
El turno era de media hora y la chica
tardó 20 minutos en el baño. Siempre van y se limpian. Eso lo rescato, son muy
aseadas porque todo el mundo va al puterío y pueden transmitir enfermedades.
Cuando salió empecé a darle y ella me decía “¡pará, pará!” y qué pará, me
sacaste 20 minutos de tiempo que pagué una fortuna.
NOCHE EN BRUT –
RECOLETA – 2008 - PANCHO Y LOS PATTYS
Pancho fue una sola vez a un bulo. Tenía 15 años y esa
noche eran un grupo de ocho varones, la mitad rugbiers y uno quería debutar.
Fueron a Recoleta y algunos promotores de Brut se
acercaron. En la puerta conocieron a un
guardia de seguridad que encontró simpáticos a los menores y los dejó pasar sin
problemas ni documentos de identidad. Entraron a un hall oscuro, otra vez lleno
de hombres mayores, donde las mujeres se postraban en fila contra la pared para
seducir.
Los chicos se sentaron en una mesa a esperar a su amigo
que subió a unas habitaciones que estaban encima del boliche. Hoy en día esos
cuartos no existen ya que las condiciones eran deplorables: camas una al lado
de la otra y sábanas manchadas.
Mientras tanto, en la planta baja, el grupo se deleitaba
con la atención que recibían de las chicas de Brut. Todos menos Pancho que
no se animaba a lo mismo. Mientras los rugbiers
pellizcaban nalgas y pezones, él se avergonzaba:
Cuando se terminaba el tiempo se acercó una brasilera muy
voluptuosa, envuelta en un corsette que le cubría el pecho con unos triángulos
de plástico que se mantenían en su lugar con alambres.
— ¡Queremos ver los pattys!
Y deseo concedido, ante la cara horrorizada del
impresionable Pancho la mujer bajó los triángulos y mostró las tetas. Entre risas y gritos bajó el debutante y la
manada se fue contenta. Saludaron al RPP que los recibió y comenzaron a caminar
por la calle Vicente López. Tambaleando
hicieron cinco cuadras y notaron que pasaban al lado de un edificio con
características bastante similares a Brut, especialmente por el mismísimo
guardia de seguridad que salía por la puerta:
— ¡Hola chicos!
Se quedaron fríos.
Los chicos coinciden en algo…
Los chicos coinciden en algo…
Le tienen miedo a lxs travestis que ofrecen servicios sexuales por la calle. Más de una vez fueron
encarados de forma agresiva, desde acoso verbal a físico.
Pancho es alto y se ve como un súper hombre con
cara de súper niño.
— Una vez saliendo de lo de un amigo a las cuatro de la mañana fui a esperar el bondi. Yo venía caminando y en el pliegue
de una esquina aparece un trava gigante, debía medir dos metros. Ya de entrada
lo miré re cagado. Y yo no puedo creer lo capo que fue por lo que hizo:
Levantando los brazos al cielo me grita GROOOOOOAAAAAAR. Y yo salí corriendo.
Cuando llegué a la media cuadra me largué a reír y a llorar por el susto. Casi
me muero pero estuvo muy avivado, vio una oportunidad.
“Sos tan lindo, no sabés la gente que viene por acá”
— Una vez me pasó con una chica que terminamos hablando sobre los
celulares. Que antes manejábamos el Nokia 1100 y ahora usamos Smartphones. La
última vez que fui, el año pasado por Microcentro, una me contó algo que me
impactó: Un viejo que cuando acabó agarró todo el semen y se lo empezó a untar
a ella por toda la cara. Lo tuvieron que sacar del lugar. Me lo contó porque me
vio lindo e inofensivo y eso le dio confianza.
Santiago sabe que la prostituta vende
la impresión de reciprocidad al cliente.
— En un puterío caen viejos de 70 años que quieren estar con
pendejitas. Y vos llegás con 20 años y sos un caramelo enfrente de la puerta de
una escuela. Por suerte a mí no se me hizo deporte porque es un vicio, como
todos los demás.
Si sabés de una situación similar en tu entorno, no temas denunciar.
Sin clientes no hay trata.
http://www.fundacionmariadelosangeles.org/
Si sabés de una situación similar en tu entorno, no temas denunciar.
Sin clientes no hay trata.
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Urbana



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