No solamente en los museos se
puede apreciar arte, sino también debajo de la tierra. Sólo basta recorrer la
Línea D de subterráneos de Buenos Aires para darse cuenta. Las
paredes de las estaciones contienen un riquísimo patrimonio cultural y
artístico que las asemejan, junto a una exposición de esculturas, a una suerte
de galería de arte bajo tierra. Pero los millones de pasajeros que viajan
cotidianamente en subte no contemplan el valor de poder tener a la vista obras
que muestran parte de la identidad nacional.
En una tarde fría de julio de Buenos Aires, muchas
personas optan por transportarse en subte desde Belgrano hasta la Plaza de
Mayo, y no saben que están en un museo público que expone esculturas y murales
cerámicos de incalculable
valor. Desde la estación
Congreso de Tucumán, la primera del recorrido, se pueden apreciar esculturas
en bronce, yeso y madera del escultor L. Perloti, y un mural sobre la
Reconquista de Buenos Aries en oportunidad de la invasión inglesa de 1806. Sin
embargo, a nadie le es relevante. Suena el aviso del cierre de las puertas del
tren y continúa el itinerario artístico.
Luego de un minuto de viaje, unos carteles grises indican que
es la estación es Juramento, donde hay dos murales del pintor argentino Cándido López que representan la
batalla de Curupaytí en la guerra con el Paraguay y una escena en el campo, del
pintor realista y costumbrista Prilidiano Pueyrredón.
Continuando el tour
por el microcosmos bajo tierra, se llega a José Hernández. Allí se muestran
reproducciones de pintura del plástico argentino Raúl Soldi, con personajes de figuras alargadas en escena galante.
En el piso superior de la estación, hay una exposición de esculturas que forma
parte del ciclo “8 escultores 8 en el Subte”, una original
propuesta gratuita que lleva adelante el programa Subtevive con el objetivo
promover el arte en espacios públicos y establecer un contacto directo entre
los pasajeros y la escultura.
Yendo en subte para el centro metropolitano, a partir de la
estación Plaza Italia hasta Catedral, la última del recorrido, se encuentran
las obras que, en base a dibujos del pintor Benito Quinquela Martín y de los plásticos Alfredo Guido y Rodolfo
Franco, retratan
una serie de oficios típicamente argentinos y algunos motivos ciudadanos de Buenos
Aires. Los murales de esta serie iconográfica expresan la evolución en el
tiempo de determinadas regiones y ciudades argentinas, retratando en uno y otro
anden, el contraste de los paisajes serenos o costumbristas de 1830 y las
imágenes modernas y tecnificadas de 1930.
Aunque a la mayoría de las personas que andan por este mundo
subterráneo no perciban con detenimiento estos patrimonios culturales, hay que
saber que se cuenta en las estaciones del Subte con un museo gratuito que
muestra una fracción de la historia argentina para que el viaje no sea tan
estresante, como lo suele ser en las horas pico de los días de semana.
Enserio

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