Todo
empieza con una ilusión. A veces es una ilusión nueva y otras veces lleva
varios años acumulada. Pero de todos modos sigue siendo una ilusión.No
está mal que las tengan, al fin y al cabo son las que les permiten seguir siendo
felices. Todos quieren creer que son capaces de algo grande, pero nadie lo
dice, cada uno lo cree por dentro porque alguien alguna vez les dijo que: “creer
que son capaces de algo grande es motivo de vergüenza”.
¡Vergüenza es robar! Diría algún abuelo.
¡Vergüenza es robar! Diría algún abuelo.
Lo
que está mal es que no hagan nada con esas ilusiones. Lo que está mal es que no
aprovechen las oportunidades, lo que está mal es que se terminen creyendo que
no son capaces de algo grande. Y están cerca de creerlo, muy cerca. Y casi se corta la luz.Porque en ciertos momentos de la vida, en ciertas etapas, las personas tienden a creer que los trenes pasan una sola vez. Pero la verdad es que las vías están hechas para que los trenes circulen, y cada tren tiene muchos vagones. Además, a lo largo de las vías hay suficientes estaciones, y si pasa por todas en algún momento vuelve a empezar el recorrido.
Hasta
que aparece esa posibilidad que todos, sin saberlo, estaban esperando. Ninguno
cree ciento por ciento que esa posibilidad es propia. Todos se la proyectan a
algún conocido, y algún conocido se la proyecta a ellos, pero en el fondo cada
uno la quiere para sí mismo.
Es
que las posibilidades en realidad no son nada, es decir, son posibilidades
¿pero que es una posibilidad sin acción?
Todos
pueden tener una, o dos, o quince. Pero si no hacen nada con ella termina
siendo nada, humo. O algo peor, porque una posibilidad sin acción se convierte
en una posibilidad desechada, en una frustración, en una marca personal, en una
mancha de humo.
Una
posibilidad sin acción no se pierde, muta. Llevará un poco más de tiempo que se
convierta en algo concreto, pero siempre hay alguien que la toma y la
transforma en acción.
¡Y
tienen que estar atentos! Porque no hay muchas, y a veces la misma está
diseñada para varios de ellos. Por suerte lo están. Son jóvenes, tienen entre
18 y 32 años, tienen que tener esa edad o no serían jóvenes. Así son las
reglas, estas reglas.
Son
artistas aunque ninguno de ellos lo reconozca. Hacen música, obras plásticas,
videos o actúan. Son artistas. Hacen cosas raras, algunas quizás sin sentido, o
con un sentido difícil de encontrar. Son productores de sensaciones, muchas
sensaciones. Risas o cara de “que interesante” entre algunos que recorren la
muestra. La recorren sorprendidos, expectantes, la recorren analizando, pero
analizando sin argumentos técnicos ni concretos, solo argumentos. Y no es
prejuicio, de verdad la recorren así, y está bien.
¡Ah,
la muestra!
Claro,
la muestra se llama “La Bienal de Arte
Joven Buenos Aires y es una plataforma bianual de exhibición, producción y
formación para jóvenes artistas. Premia
obras terminadas y posibilita el desarrollo de nuevos proyectos artísticos.
Apunta a ser un espacio de experimentación que dé lugar a nuevos lenguajes y
formas de expresión a través del arte” y bla, bla, bla.
Y
ahí surge la contradicción. ¿Un artista necesita que alguien valore su obra?
¿Debería
ser una expresión personal plasmada de una forma determinada que se corresponda
con un estado anímico del autor? ¿O tiene que ser algo que le guste más al
espectador que al propio artista?
Es
intrigante. Es una exposición de arte en la que participan personas no
reconocidas públicamente que enviaron sus obras o proyectos a un –experto- jurado
para que sean evaluados. Jurado que tuvo la capacidad de determinar quiénes
eran los “más artistas” de todos y podían participar de La Bienal. Así fue que “durante julio, un comité –compuesto por
importantes referentes de cada una de las disciplinas- eligió las mejores
propuestas. Durante agosto, septiembre y octubre quedaron seleccionados más de
700 artistas”.
Adentro
es raro. Son todos más o menos parecidos, en lo que se ve al menos. Se supone
que un artista debería ser único. Bah, ¿se supone? ¿quién supone?
Pero
todos iguales seguramente no, ¿o sí? Es todo muy confuso, el arte es
contradicción.
El
lugar tiene un espacio abierto y algunos salones cerrados. Claro que es muy
grande, es la Ciudad Cultural Konex (sede principal de La Bienal). Y es ideal
para esta muestra. Está decorado como si los mismos artistas que exponen
hubiesen intervenido cada espacio, pero no fue así.
Hay
algo raro en todo eso. O los artistas se
adaptaron al lugar y a la muestra, o la muestra se adaptó a los artistas y al
lugar, o bien el lugar fue adaptado a la muestra y a los artistas. http://www.youtube.com/watch?v=ihlIs-TBg2U
Parece
lo mismo pero no lo es. O quizás sí. Es todo muy confuso, el arte es
contradicción.
Más
intrigante es que un artista busque la exposición o, mejor dicho, que le pida
permiso a otro para tener exposición. Y que se vistan todos iguales, y que se
peinen de forma parecida.
Es
ahí cuando sacan a relucir su condición de ser humano. Se delatan.
Como
si los que quisieran estar expuestos fuesen ellos y no sus obras. Como si ser
artista estuviese de moda. Si, de moda. El arte está de moda.
Suena
horrible. Lejano a todo aquello para lo que fue diseñado el arte, si es que fue
diseñado para algo. Pero no hay nada más contradictorio que el arte y la moda.
Que el arte y la moda juntos.
¡Es
un colmo! No hay que ser recurrente pero es como uno de esos chistes.
¿Cuál
es el colmo de un bombero? Apagar el fuego con una galletita de agua.
O el
colmo de un jardinero. Que su novia lo deje plantado.
¿Cuál
es el colmo de un artista? Estar de moda.
Más
de 150 mil personas pasaron por las distintas sedes que conformaron esta
muestra (entre las que se encontraban la mencionada Ciudad Cultural Konex, el
Centro Cultural Borges, el Teatro del Abasto, el Teatro Beckett, El Extranjero,
el Espacio Callejón, el Abasto Social Club, el Teatro IFT y el Portón de Sánchez),
y muchas de ellas se fueron con los rostros llenos de satisfacción por haber
visto y escuchado y sentido, todo aquello que fueron a ver, a escuchar y a
sentir.
Y
los ganadores de cada disciplina fueron premiados el día del cierre de la
muestra (domingo 17 de noviembre). Se los veía sonrientes, extremadamente
contentos. Con los ojos igual de brillantes que aquellos jóvenes que ganaron
cada uno de los realitys musicales
que pasaron por televisión, y de los que hoy ni siquiera se recuerdan sus
nombres y mucho menos se sabe si siguen trabajando de músicos o, incluso, si
grabaron aquel disco que tanto les prometieron.
Entonces
¿quién puede decir que el arte y la moda son contradicción? ¿Y si lo fuesen cuál
sería el problema?
Dicen
que el arte es una expresión del alma, que debe generar sentimientos en
aquellas personas que son capaces de captar la sensibilidad del artista en el
preciso instante en que dio la pincelada, o tocó aquella nota.
Si
esto fuese real, y más 150 mil personas así lo vivieron, es número suficiente
para asegurar que todo lo que se expuso en La Bienal es arte. ¿Y si solo
hubiese sido una persona? También sería suficiente, porque el arte no es matemática,
no es estadística. El arte es arte, y quizás moda, y no está mal.
Es
todo muy confuso, el arte es contradicción.Atrejú
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