lunes, 2 de diciembre de 2013

El arte es contradicción, dijo y me conquistó

Todo empieza con una ilusión. A veces es una ilusión nueva y otras veces lleva varios años acumulada. Pero de todos modos sigue siendo una ilusión.No está mal que las tengan, al fin y al cabo son las que les permiten seguir siendo felices. Todos quieren creer que son capaces de algo grande, pero nadie lo dice, cada uno lo cree por dentro porque alguien alguna vez les dijo que: “creer que son capaces de algo grande es motivo de vergüenza”.
¡Vergüenza es robar! Diría algún abuelo.
Lo que está mal es que no hagan nada con esas ilusiones. Lo que está mal es que no aprovechen las oportunidades, lo que está mal es que se terminen creyendo que no son capaces de algo grande. Y están cerca de creerlo, muy cerca.  Y casi se corta la luz.
Porque en ciertos momentos de la vida, en ciertas etapas, las personas tienden a creer que los trenes pasan una sola vez. Pero la verdad es que las vías están hechas para que los trenes circulen, y cada tren tiene muchos vagones. Además, a lo largo de las vías hay suficientes estaciones, y si pasa por todas en algún momento vuelve a empezar el recorrido.
Hasta que aparece esa posibilidad que todos, sin saberlo, estaban esperando. Ninguno cree ciento por ciento que esa posibilidad es propia. Todos se la proyectan a algún conocido, y algún conocido se la proyecta a ellos, pero en el fondo cada uno la quiere para sí mismo.
Es que las posibilidades en realidad no son nada, es decir, son posibilidades ¿pero que es una posibilidad sin acción?
Todos pueden tener una, o dos, o quince. Pero si no hacen nada con ella termina siendo nada, humo. O algo peor, porque una posibilidad sin acción se convierte en una posibilidad desechada, en una frustración, en una marca personal, en una mancha de humo.
Una posibilidad sin acción no se pierde, muta. Llevará un poco más de tiempo que se convierta en algo concreto, pero siempre hay alguien que la toma y la transforma en acción.
¡Y tienen que estar atentos! Porque no hay muchas, y a veces la misma está diseñada para varios de ellos. Por suerte lo están. Son jóvenes, tienen entre 18 y 32 años, tienen que tener esa edad o no serían jóvenes. Así son las reglas, estas reglas.

Son artistas aunque ninguno de ellos lo reconozca. Hacen música, obras plásticas, videos o actúan. Son artistas. Hacen cosas raras, algunas quizás sin sentido, o con un sentido difícil de encontrar. Son productores de sensaciones, muchas sensaciones. Risas o cara de “que interesante” entre algunos que recorren la muestra. La recorren sorprendidos, expectantes, la recorren analizando, pero analizando sin argumentos técnicos ni concretos, solo argumentos. Y no es prejuicio, de verdad la recorren así, y está bien.
¡Ah, la muestra!
Claro, la muestra se llama “La Bienal de Arte Joven Buenos Aires y es una plataforma bianual de exhibición, producción y formación para jóvenes artistas.  Premia obras terminadas y posibilita el desarrollo de nuevos proyectos artísticos. Apunta a ser un espacio de experimentación que dé lugar a nuevos lenguajes y formas de expresión a través del arte” y bla, bla, bla. 
Lo que importa no es la muestra, lo que importa son ellos, porque son quienes la llenan y quienes tienen la ilusión de que a mucha gente le guste lo que hacen.
Y ahí surge la contradicción. ¿Un artista necesita que alguien valore su obra?
¿Debería ser una expresión personal plasmada de una forma determinada que se corresponda con un estado anímico del autor? ¿O tiene que ser algo que le guste más al espectador que al propio artista?
Es intrigante. Es una exposición de arte en la que participan personas no reconocidas públicamente que enviaron sus obras o proyectos a un –experto- jurado para que sean evaluados. Jurado que tuvo la capacidad de determinar quiénes eran los “más artistas” de todos y podían participar de La Bienal. Así fue que “durante julio, un comité –compuesto por importantes referentes de cada una de las disciplinas- eligió las mejores propuestas. Durante agosto, septiembre y octubre quedaron seleccionados más de 700 artistas”.
Adentro es raro. Son todos más o menos parecidos, en lo que se ve al menos. Se supone que un artista debería ser único. Bah, ¿se supone? ¿quién supone?
Pero todos iguales seguramente no, ¿o sí? Es todo muy confuso, el arte es contradicción.
El lugar tiene un espacio abierto y algunos salones cerrados. Claro que es muy grande, es la Ciudad Cultural Konex (sede principal de La Bienal). Y es ideal para esta muestra. Está decorado como si los mismos artistas que exponen hubiesen intervenido cada espacio, pero no fue así.
Hay algo raro en  todo eso. O los artistas se adaptaron al lugar y a la muestra, o la muestra se adaptó a los artistas y al lugar, o bien el lugar fue adaptado a la muestra y a los artistas. http://www.youtube.com/watch?v=ihlIs-TBg2U
Parece lo mismo pero no lo es. O quizás sí. Es todo muy confuso, el arte es contradicción.
Más intrigante es que un artista busque la exposición o, mejor dicho, que le pida permiso a otro para tener exposición. Y que se vistan todos iguales, y que se peinen de forma parecida.
Es ahí cuando sacan a relucir su condición de ser humano. Se delatan.
Como si los que quisieran estar expuestos fuesen ellos y no sus obras. Como si ser artista estuviese de moda. Si, de moda. El arte está de moda.
Suena horrible. Lejano a todo aquello para lo que fue diseñado el arte, si es que fue diseñado para algo. Pero no hay nada más contradictorio que el arte y la moda. Que el arte y la moda juntos.
¡Es un colmo! No hay que ser recurrente pero es como uno de esos chistes.
¿Cuál es el colmo de un bombero? Apagar el fuego con una galletita de agua.
O el colmo de un jardinero. Que su novia lo deje plantado.
¿Cuál es el colmo de un artista? Estar de moda.
Más de 150 mil personas pasaron por las distintas sedes que conformaron esta muestra (entre las que se encontraban la mencionada Ciudad Cultural Konex, el Centro Cultural Borges, el Teatro del Abasto, el Teatro Beckett, El Extranjero, el Espacio Callejón, el Abasto Social Club, el Teatro IFT y el Portón de Sánchez), y muchas de ellas se fueron con los rostros llenos de satisfacción por haber visto y escuchado y sentido, todo aquello que fueron a ver, a escuchar y a sentir.
Y los ganadores de cada disciplina fueron premiados el día del cierre de la muestra (domingo 17 de noviembre). Se los veía sonrientes, extremadamente contentos. Con los ojos igual de brillantes que aquellos jóvenes que ganaron cada uno de los realitys musicales que pasaron por televisión, y de los que hoy ni siquiera se recuerdan sus nombres y mucho menos se sabe si siguen trabajando de músicos o, incluso, si grabaron aquel disco que tanto les prometieron.
Entonces ¿quién puede decir que el arte y la moda son contradicción? ¿Y si lo fuesen cuál sería el problema?
Dicen que el arte es una expresión del alma, que debe generar sentimientos en aquellas personas que son capaces de captar la sensibilidad del artista en el preciso instante en que dio la pincelada, o tocó aquella nota.
Si esto fuese real, y más 150 mil personas así lo vivieron, es número suficiente para asegurar que todo lo que se expuso en La Bienal es arte. ¿Y si solo hubiese sido una persona? También sería suficiente, porque el arte no es matemática, no es estadística. El arte es arte, y quizás moda, y no está mal.
 Es todo muy confuso, el arte es contradicción.

Atrejú

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