miércoles, 4 de diciembre de 2013

En el ambiente

“Te va a gustar, te va a cambiar”, dice el cartel que inaugura el recorrido mientras dos promotoras reparten una carpeta con información sobre la separación de residuos. Más adelante una mujer, desde uno de los más de 70 stands, repite que la separación debe realizarse en las viviendas porque al juntar, en la basura, los elementos reciclables con los húmedos los mismos se arruinan y se convierten en descarte. “Ambiente somos todos”, dice otro cartel, con letras en color fluo, que resulta imposible ignorar y, más adelante, tres “R” enormes le dan la bienvenida a los visitantes que, como yo, decidieron que esta calurosa tarde de noviembre sería destinada al ocio y la distracción al aire libre. La consigna del recorrido es clara, una vez finalizado los visitantes deberíamos salir con tres ideas bien incorporadas a nuestra vida diaria. Reducir, reciclar y reutilizar parecen ser las claves que nos ayudarán a que el planeta dure un poco más. La misión de los organizadores de la Expo Feria Nacional de la Sustentabilidad se completará una vez que el visitante adopte una postura casi evangelizadora, garantía de la propagación del mensaje.
Aunque la temática de la sustentabilidad no es algo nuevo y las primeras manifestaciones por la preocupación por el Medio Ambiente datan de los años 80, es la primera vez que piso una feria de este tipo. Había pasado muchas veces por las americanas, de antigüedades o de artesanías pero nunca visité alguna que trabajara la temática de la sustentabilidad; concepto bastante usado últimamente.
Confieso que creía saber de qué se trataba el modo de vida sustentable, pero la realidad es que lo único que conozco es la existencia de casas en las que se puede vivir con paneles solares como fuente de energía, pero que no tengo muy en claro donde se compran ni como se usan.
En medio de stands ecológicos y comida naturista, repaso en mi memoria, sin demasiado éxito, alguna posibilidad remota de recordar algo de lo que alguna vez leí sobre la sustentabilidad pero no logro acordarme de nada. Pruebo café de higo y  trato de entender la propuesta que encierra la Primera Expo Feria Nacional de la Sustentabilidad que tiene al cocinero Martiniano Molina como imagen que garantiza la calidad del evento.
En el lugar elegido para desplegar y dar a conocer las prácticas que existen en materia de sustentabilidad -un Centro de Actividades que se encuentra ubicado en Berazategui, localidad de sur del Conurbano Bonaerense- abundan las huertas verticales y los tachos rojos, amarillos, verdes y azules que indican dónde se debe tirar cada desecho. Indicación que, a cada paso, será ignorada hasta el hartazgo durante los tres días que dure la Feria.

Los objetos de la feria 
En ese lugar que además lleva el nombre del golfista Roberto De Vicenzo, hay entre otras cosas, un stand que pertenece a la Cooperativa Solidaria de Ecoladrillos, hechos con botellas rellenas de residuos inorgánicos, secos y compactos, y aptos para realizar construcciones. “Es importante que laves y seques las botellas”, dice Javier, promotor de la vida sana.
Jóvenes, adultos, señoras mayores, mujeres solteras y hasta hombres escépticos se van acumulando, uno a uno, alrededor del stand listos para escuchar las indicaciones. Javier cuenta que cualquier persona puede construir Ecoladrillos y que hasta se podría construir una casa con ellos.
“Las botellas se pueden rellenar con basura inorgánica, con bolsas de plástico, paquetes y envases de todo tipo. Eso sí, lo tenés que compactar bien para que las botellas no queden medias vacías”, explica. Escucho a Javier y veo que uno, dos, tres y hasta cuatro personas tenemos botellas en nuestras manos.
Yo tomo agua, una mujer que está adelante mío lleva una bebida de limón y su hija una bebida cola. Pienso que esas botellas que tranquilamente podrían transformarse en ladrillos ecológicos. Sin embargo, sé que ni bien se acabe el líquido, la botella terminará en la basura junto con otras que no tendrán jamás el honor de convertirse en Ecoladrillos.
En la Primera Expo Feria Nacional de la Sustentabilidad, no se venden caramelos, ni chupetines, tampoco alfajores. A los niños visitantes no les queda más remedio que reemplazar las golosinas por alimentos naturalmente dulces y más sanos. Pasas de uva, orejones y frutas disecadas son algunas opciones. Hay niños que parecen entrenados en la disciplina del buen comer pero también están los otros, aquellos que miran de forma extraña a quien come pasas de uvas como si se tratase de chips de chocolate.
En una esquina, varias mujeres se agolpan en un stand y por ahí se escucha la palabra “mondongo”. Me acerco, aún sabiendo que nunca me gustó ese cuero ubicado en la panza de res, ni su textura, mucho menos su sabor. La curiosidad es el anzuelo y como yo muchos se acercan para tocar ese extraño calzado hecho de mondongo. “El proceso de curtido del cuero de mondongo dura aproximadamente 40 días. Se utiliza muy poca agua y se incluyen taninos vegetales en lugar de químicos”, cuenta orgullosa Lori creadora también de la marca Visceral, zapatos y complementos de mondongo y diseñadora, mujer que aspira a imponer como moda este tipo de calzado. Ella cuenta que las sandalias son resistentes, que no tienen procesos químicos y asegura tener un stock con variedad de números, modelos y colores. El éxito en la feria es moderado, sin embargo ella parece confiar ciegamente en la idea de “transformar algo desagradable en un objeto de deseo”.
La última parada del recorrido es la puerta de entrada a la educación Waldorf, semilla fértil de las investigaciones del pensador y científico austríaco Rudolf Steiner que aseguraba que el hombre se divide en cuerpo, alma y espíritu. Leo uno de los tantos folletos que hay en la gran mesa de informes y me entero de que en la actualidad existen alrededor de 900 escuelas Waldorf diseminadas en varios países. Que en la Argentina hay seis y que la más antigua tiene ya más de 60 años de existencia. No puedo evitar pensar si la educación Waldorf será mejor que la tradicional o si la sustentabilidad será realmente una buena alternativa de cara al futuro. Camino hacia la parada del colectivo que me llevará de regreso a casa mientras cada dos cuadras veo cestos con basura toda rebalsada.

Fronteriza

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