miércoles, 18 de diciembre de 2013

Compañeros en el más allá


Un peronista no debería visitar la bóveda de la familia Duarte en el Cementerio de la Recoleta. No tendrá un momento de tranquilidad con los restos de Evita junto a su morada. No conseguirá un segundo a solas, ni en un día nublado. 
Los turistas extranjeros que abundan en el barrio paquete llenan el pasillo alborotados y atraídos por la tumba más visitada: la de Eva Perón. Las cámaras disparan flashes. La puerta de la bóveda está decorada con flores, placas y regalos del pueblo. Las conversaciones constantes en todos los idiomas componen una banda sonora. Una mujer inglesa, detrás de una familia oriental, al lado de unos señores altos y pelirrojos, bromea sobre la necesidad de susurrar para mantener un clima de respeto. Gracias por el intento, pero es en vano ya que sólo la mitad de los presentes sabe inglés. 
El cuerpo de Eva Perón fue secuestrado, paseado por Europa, recortado y finalmente devuelto a su Patria. Desde 1976 descansa en un barrio que es símbolo contrario de la causa a la que ella dedicó su vida. La Recoleta donde sobran los cacharros para cocinar todas las comidas y sirven cada tanto para hacer ruido contra un gobierno. Peronista. 
Dos argentinas enseñan el lugar a un par de gallegos y se incorporan a la multitud. ¡La encontraron! Antes era más difícil, cuando la entrada estaba sobre Junín, a la altura de la Av. Presidente Quintana, donde está el clásico acceso principal: un portón enorme con la leyenda Requiescant in pace (RIP). En paz descansan los ex presidentes vecinos de Evita: Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento, más localizables gracias a la actual entrada sobre Junín al 1760 desde donde se extiende uno de los pasajes más anchos. Avanzando hacia la calle Azcuénaga se encuentran las tumbas de Nicolás Avellaneda y de Manuel Quintana. Si los muertos deambulan en los cementerios por la noche, el de la Recoleta es escenario de grandes discusiones. ¿O nadie se habla? Debe pasar lo mismo que en el mundo de los vivos: algunos conversan con unos y otros con otros. A veces se mezclan y hablan sobre los demás. Si los periodistas accedieran a esos debates se llenarían los grabadores de frases polémicas. 
Algunos huéspedes no fueron políticos de Argentina, pero forman parte de su historia under. Cerca del ingreso descansa Liliana Crociati de Szaszak, la novia de 26 años que en 1970 falleció aplastada por una avalancha en medio de su luna de miel en Austria. Ese mismo día, a muchos kilómetros, murió su perro Sabú. Ahora la acompaña por toda la eternidad en la estatua de bronce que la madre de Liliana mandó a hacer de los dos. Si de noche despiertan seguro visitan a Evita, que de amores cortos y apasionados entiende. 
La historia más romántica del cementerio, y uno de sus mayores atractivos turísticos, está plasmada en la magnífica obra del escultor Félix Jules Coutan. Bajo la misma moran los restos del Teniente Coronel Luis María Campos, casado con Justa Urquiza, hija del General. Ella encargó al artista un homenaje a su marido vestido con su uniforme militar. Sobre el lateral izquierdo, aparece ella extendiendo en su mano un ramito de jacintos, como el que él le regaló el día que se conocieron. Al pie derecho del Teniente reposa una figura femenina que lo observa con admiración: la Patria. En la cima de la escultura un ángel indica el camino al cielo.
¿El dinero compra la entrada al paraíso? Algunos no están seguros y por las dudas escatiman en símbolos espirituales. Menos angelitos y más hormigón. La bóveda de la familia Noble Herrera, dueños del Diario Clarín, es una de las más modernas e irónicamente tiene la forma de un cajero automático. Cariñosamente apodada Banelco. 
Algunas historias no son tan lujosas. Los ricos cuentan con vecinos descuidados. Los sepulcros en la Recoleta son para siempre y no se pueden demoler. Si no hay nadie en el plano de los vivos para hacerse cargo, los muertos se verán expuestos por las puertas oxidadas, los cajones medio abiertos y los vidrios rotos. Los nichos olvidados por el tiempo son otro atractivo para los turistas que disfrutan la morbosa oportunidad de espiar un huesito. Si no existieran los féretros apilados, a la vista y envueltos en telarañas, se olvidaría fácilmente de que está usted recorriendo un cementerio. 
Es un laberinto, lleno de pasillos estrechos. Algunos curiosos se arman de coraje para avanzar por los rincones más desiertos. No es tan sencillo pasear por un cementerio, no es como un parque o un museo aunque tenga esa relevancia. Por más estatuas de angelitos que la custodien, la experiencia de compartir un espacio con cadáveres de todas las épocas, de todas las edades, termina atravesando el cuerpo como un chucho de frío. Con cada paso sonoro en la soledad, el visitante rescata detalles como que algunas esculturas en realidad son representaciones de la Parca. No sólo los fantasmas de los huéspedes hielan la sangre, sino también el miedo a que suceda algo malo en el mundo de los vivos. ¿Nunca nadie lo pensó? Para secuestrar un niño o atacar a una mujer no hay escenario más idóneo. Ni siquiera parece un lugar seguro. Con un poco de maña se puede ejecutar un asesinato en cuestión de segundos y hasta esconder las evidencias en cualquier bóveda o cajón medio abierto. Por suerte nadie lo pensó sino ya hubiera pasado.
- Disculpe señorita. ¿La tumba de Eva Perón? 
- Siga derecho hasta el pasillo lleno de gente. 
Risas. Que la tumba de Evita sea la más visitada ya es un chiste colectivo. ¿Por qué a quienes visitan la Recoleta les interesa tanto esa mujer que representaba todo lo contrario de la opulencia que los deslumbra? ¿Sabrán sobre la Evita que se recogía el pelo en un rodete todas las mañanas para trabajar por su pueblo descamisado? ¿O solo conocen el mito de la mujer que se fue de Los Toldos y llegó a Primera Dama? La Eva de Madonna, de “No llores por mí, Argentina”, la del cuento de hadas. ¿Cuál es la Eva que convoca? 
No lejos de ella, de hecho bastante cerca, descansan los restos de quien dio la orden de secuestrar su cuerpo tan querido. Al General Pedro Aramburu, quien gestó el golpe de Estado que derrocó el segundo mandato de Juan Domingo Perón, no le alcanzaba con tenerla muerta y en silencio. Su simple presencia física gritaba el amor de un pueblo dispuesto a continuar el camino sembrado por el peronismo. Aramburu los proscribió y mandó a eliminar todo símbolo de sus conquistas, incluyendo el cuerpo de Evita que pasó a manos del infame coronel Carlos de Moori Koen. Un despreciable que metió el ataúd en una camioneta que estacionó durante meses por Buenos Aires. Luego lo exhibió como un trofeo de pie en su oficina. Finalmente Eva fue embarcada a Milán para ser enterrada en una fosa con el nombre María Maggi de Magistris. 
El 1970 la organización Montoneros secuestró a Aramburu con el objetivo de negociar la devolución del cadáver. La misión no fue exitosa. El ex presidente de facto fue asesinado por Fernando Abal Medina de un tiro de pistola en el sótano de la estancia La Celma en la localidad de Timote, partido de Carlos Tejedor, provincia de Buenos Aires. 
En 1974 reanudaron el plan: integrantes de Montoneros robaron el cuerpo de Aramburu e intentaron negociar un canje que no se concretó. Evita fue devuelta al General Perón en 1971 por el entonces presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse en Puerta de Hierro (Madrid). Al morir Perón, María Estela Martínez, quien lo sucedió en el poder ejecutivo, ordenó traer a Eva de vuelta a Argentina. En 1976 la dictadura militar entregó el cuerpo embalsamado a la familia Duarte quienes le dieron sepultura en su bóveda de la Recoleta. 

Con los huesos de Aramburu al final no se hizo una escalera. Se guardaron en un mausoleo en el mismo predio que su gran enemiga. Irónicamente, por su forma baja, plana y cuadrada, es una de las construcciones más elegidas por los visitantes y por los gatos que custodian a los muertos para sentarse a descansar. 
¿Se encontrarán Evita y Aramburu en las tertulias del más allá? ¿Habrán alcanzado un punto de armonía o cuentan con bandos de espectros enemistados? ¿Hay peronismo después de la muerte? Ya lo sabremos.


Urbana 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

En el ambiente

“Te va a gustar, te va a cambiar”, dice el cartel que inaugura el recorrido mientras dos promotoras reparten una carpeta con información sobre la separación de residuos. Más adelante una mujer, desde uno de los más de 70 stands, repite que la separación debe realizarse en las viviendas porque al juntar, en la basura, los elementos reciclables con los húmedos los mismos se arruinan y se convierten en descarte. “Ambiente somos todos”, dice otro cartel, con letras en color fluo, que resulta imposible ignorar y, más adelante, tres “R” enormes le dan la bienvenida a los visitantes que, como yo, decidieron que esta calurosa tarde de noviembre sería destinada al ocio y la distracción al aire libre. La consigna del recorrido es clara, una vez finalizado los visitantes deberíamos salir con tres ideas bien incorporadas a nuestra vida diaria. Reducir, reciclar y reutilizar parecen ser las claves que nos ayudarán a que el planeta dure un poco más. La misión de los organizadores de la Expo Feria Nacional de la Sustentabilidad se completará una vez que el visitante adopte una postura casi evangelizadora, garantía de la propagación del mensaje.
Aunque la temática de la sustentabilidad no es algo nuevo y las primeras manifestaciones por la preocupación por el Medio Ambiente datan de los años 80, es la primera vez que piso una feria de este tipo. Había pasado muchas veces por las americanas, de antigüedades o de artesanías pero nunca visité alguna que trabajara la temática de la sustentabilidad; concepto bastante usado últimamente.
Confieso que creía saber de qué se trataba el modo de vida sustentable, pero la realidad es que lo único que conozco es la existencia de casas en las que se puede vivir con paneles solares como fuente de energía, pero que no tengo muy en claro donde se compran ni como se usan.
En medio de stands ecológicos y comida naturista, repaso en mi memoria, sin demasiado éxito, alguna posibilidad remota de recordar algo de lo que alguna vez leí sobre la sustentabilidad pero no logro acordarme de nada. Pruebo café de higo y  trato de entender la propuesta que encierra la Primera Expo Feria Nacional de la Sustentabilidad que tiene al cocinero Martiniano Molina como imagen que garantiza la calidad del evento.
En el lugar elegido para desplegar y dar a conocer las prácticas que existen en materia de sustentabilidad -un Centro de Actividades que se encuentra ubicado en Berazategui, localidad de sur del Conurbano Bonaerense- abundan las huertas verticales y los tachos rojos, amarillos, verdes y azules que indican dónde se debe tirar cada desecho. Indicación que, a cada paso, será ignorada hasta el hartazgo durante los tres días que dure la Feria.

Los objetos de la feria 
En ese lugar que además lleva el nombre del golfista Roberto De Vicenzo, hay entre otras cosas, un stand que pertenece a la Cooperativa Solidaria de Ecoladrillos, hechos con botellas rellenas de residuos inorgánicos, secos y compactos, y aptos para realizar construcciones. “Es importante que laves y seques las botellas”, dice Javier, promotor de la vida sana.
Jóvenes, adultos, señoras mayores, mujeres solteras y hasta hombres escépticos se van acumulando, uno a uno, alrededor del stand listos para escuchar las indicaciones. Javier cuenta que cualquier persona puede construir Ecoladrillos y que hasta se podría construir una casa con ellos.
“Las botellas se pueden rellenar con basura inorgánica, con bolsas de plástico, paquetes y envases de todo tipo. Eso sí, lo tenés que compactar bien para que las botellas no queden medias vacías”, explica. Escucho a Javier y veo que uno, dos, tres y hasta cuatro personas tenemos botellas en nuestras manos.
Yo tomo agua, una mujer que está adelante mío lleva una bebida de limón y su hija una bebida cola. Pienso que esas botellas que tranquilamente podrían transformarse en ladrillos ecológicos. Sin embargo, sé que ni bien se acabe el líquido, la botella terminará en la basura junto con otras que no tendrán jamás el honor de convertirse en Ecoladrillos.
En la Primera Expo Feria Nacional de la Sustentabilidad, no se venden caramelos, ni chupetines, tampoco alfajores. A los niños visitantes no les queda más remedio que reemplazar las golosinas por alimentos naturalmente dulces y más sanos. Pasas de uva, orejones y frutas disecadas son algunas opciones. Hay niños que parecen entrenados en la disciplina del buen comer pero también están los otros, aquellos que miran de forma extraña a quien come pasas de uvas como si se tratase de chips de chocolate.
En una esquina, varias mujeres se agolpan en un stand y por ahí se escucha la palabra “mondongo”. Me acerco, aún sabiendo que nunca me gustó ese cuero ubicado en la panza de res, ni su textura, mucho menos su sabor. La curiosidad es el anzuelo y como yo muchos se acercan para tocar ese extraño calzado hecho de mondongo. “El proceso de curtido del cuero de mondongo dura aproximadamente 40 días. Se utiliza muy poca agua y se incluyen taninos vegetales en lugar de químicos”, cuenta orgullosa Lori creadora también de la marca Visceral, zapatos y complementos de mondongo y diseñadora, mujer que aspira a imponer como moda este tipo de calzado. Ella cuenta que las sandalias son resistentes, que no tienen procesos químicos y asegura tener un stock con variedad de números, modelos y colores. El éxito en la feria es moderado, sin embargo ella parece confiar ciegamente en la idea de “transformar algo desagradable en un objeto de deseo”.
La última parada del recorrido es la puerta de entrada a la educación Waldorf, semilla fértil de las investigaciones del pensador y científico austríaco Rudolf Steiner que aseguraba que el hombre se divide en cuerpo, alma y espíritu. Leo uno de los tantos folletos que hay en la gran mesa de informes y me entero de que en la actualidad existen alrededor de 900 escuelas Waldorf diseminadas en varios países. Que en la Argentina hay seis y que la más antigua tiene ya más de 60 años de existencia. No puedo evitar pensar si la educación Waldorf será mejor que la tradicional o si la sustentabilidad será realmente una buena alternativa de cara al futuro. Camino hacia la parada del colectivo que me llevará de regreso a casa mientras cada dos cuadras veo cestos con basura toda rebalsada.

Fronteriza

lunes, 2 de diciembre de 2013

Teatro sensorial

   El ser humano tiene 5 sentidos: el tacto, el olfato, el gusto, la audición y la vista. Para la gran mayoría de las personas, este último sentido es el más importante porque permite apreciar de una manera más concreta y abarcativa muchas de las cosas con las que convivimos a diario.
   Pero existe una nueva corriente en las artes visuales, más precisamente en el teatro, que está rompiendo estas estructuras. Desde hace 9 años se instaló en las salas de Buenos Aires el "teatro sensorial". De la manos de la obra "Ojos cerrados", esta obra que pretende que los espectadores resignen sus más preciado sentido, la vista, y que, mediante diferentes estímulos como sonidos, texturas, aromas y sabores, despierten otros y logren apreciar este nuevo concepto.
  La característica más importante de este novedoso espectáculo es que no existe una trama predeterminada, sino que es el espectador quien produce cada historia. Un requisito indispensable es lograr un estado de abstracción y relajamiento profundo, sumado a la confianza en las acciones de los artistas, que le darán vida a la imaginación de cada individuo.
   "Ojos cerrados", una creación del grupo AviTantes, cuenta con más de 15 artistas en escena, dura aproximadamente 120 minutos y tiene tantos principios y finales como espectadores dentro de la sala. En esta obra los ojos serán vendados, las almas serán libres.  
Atrejú

Recomendaciones para paseo express por el Temaikén

Es una realidad con muy pocas excepciones: los porteños tenemos más sentido de orientación en un tablero de TEG que en el misterioso Conurbano Bonaerense. No sólo se debe a una cultura de estigmatización acerca de todo lo que está afuera de la CABA, sino también a la cobardía de los metropolitanos que ni se aventuran en los barrios más recónditos de su querida ciudad.

-          ¿Dónde vivís?
-          En Mataderos, ¿conocés?
-          No, no me ubico en Provincia.
Típico. Quedamos como el culo una y otra vez.
Pero no nos deben tener bronca a los bichos de ciudad. También padecemos nuestra ignorancia. 
El Bioparque Temaikén está a tan sólo 50 kilómetros de Buenos Aires y es un gran atractivo del Partido de Escobar.
Un día dos parejas consiguieron 2x1. Como sabían que Escobar queda cerca de Tigre no dudaron que el transporte más seguro sería el Ferrocarril Mitre. Era un día caluroso de febrero, de los que el asfalto quema.  Una vez en el tren los viajeros se encontraron con que no existía la esperada estación Escobar, al menos en ese tren. Sin mucha idea de para dónde ir y sin Internet en los teléfonos ya que era verano de 2010, tomaron la decisión de bajar en Tigre y seguir con el 60.
¡Pero no! No habían comprado el boleto que seguro les pedirían en la terminal, así que optaron por bajar en Carupá. No había nadie. Empezó el desafío de dar con la parada del 60 correspondiente y para sorpresa de los viajeros había cuatro que se dirigían a lugares distintos. Una, les aseguraron, al Temaikén. Tardó una hora en llegar.
Ya en el 60 las esperanzas de los porteños de llegar al parque con tiempo para pasear se vieron renovadas, más cuando les explicaron que el colectivo frenaba en la puerta misma del zoológico.
¡Pero no!
Se quedó en la terminal de Escobar, ubicada a 2 kilómetros. Nuevamente los viajeros se vieron obligados a recorrer. A pie. Por la ruta. Bajo el sol. Terrible sol de las 4 y pico de febrero en Escobar.
Cuando finalmente llegaron a destino eran las cinco de la tarde. Sólo tenían tiempo para hacer un paseo rápido y productivo. Y así lo hicieron. Valiéndose del conocimiento de un integrante del grupo que ya había estado antes lograron llenar su visita de recuerdos.
Al servicio de todos los porteños que se puedan encontrar con esa misma situación, ofrecemos la guía para un recorrido express por el Bioparque Temaikén.
¡Disfruten!

Urbana

¡Una noche de puro Plop!

Gays, gays y más gays.
Son las 2 am de un sábado, Teenage Dream de Katy Perry suena al mango y la fiesta está empezando. En pocos lugares se ven tantos homosexuales juntos. Saltan, gritan, bailan y se divierten al compás de la música, sin que les importe la mirada de otro. Bah, depende, porque algunos están para el levante. El humo, las luces de colores, la bola de espejos gigante y los espacios oscuros son atributos para el descontrol que en este lugar está permitido.
En el boliche adornan unas pantallas que proyectan imágenes de la película Esperando la carroza. Las primeras escenas donde Antonio Gasalla aparece hecho una anciana, China Zorrilla prepara la comida para una reunión familiar, Julio de Grazia y su esposa, sudados de tanto estrés. No hace falta escuchar lo que dicen para saber el guion, es algo que conocen todos. Parece que esta noche el show tiene relación con ese film legendario de la comedia argentina. Un grupo de veinteañeros se percatan de ese detalle: “Mirá a la Mamá Cora”, dice el rubio. “Que bizarro. Hoy va a estar bueno el Chow”, contesta su amiga excedida de peso. Tal vez es sólo un decorado.
Gays, gays, muchos gays.
02:30 am. Suena The Monster de Eminem y Rihanna. El antiguo teatro de Colegiales (Federico Lacroze y Álvarez Thomas), hoy Teatro Vorterix, se está llenando de más sarasas, remeras coloridas en escote en V, mujeres con el pelo corto y de personas que vienen a bancar a sus amigos homosexuales. Todos entran con la entrada en la mano que tiene la insignia Plop, la fiesta gay friendly más bizarra de Buenos Aires que se hace todas las noches de los viernes.
“Acá hay que venir empepado, borracho, drogado, como sea. La música es alegre, tropical, y te mambeas. Es una buena chance para flashear con amigos y las boludeces que hacen en el escenario. Y por qué no conseguirse un chonguito que te regale tragos all night”, aluce a los gritos Juan Manuel, un chico de 22 años que vive en San Miguel. Lleva puesta una remera con un primer plano de Lady Gaga, jean bien apretado y unas zapatillas Converse amarillas que, seguramente, van a quedar negras al finalizar la noche. Hoy se queda en lo de un amigo que vive en Capital, aprovecha para venir a Plop y no descarta ningún tipo de propuesta indecente. 
Las Fiestas Plop tienen y han hecho historia. Si se recorre un poco de su pasado hay que empezar indefectiblemente hablando de las Fiestas Horno. Éstas las organizaba un grupo de teatro cuando necesitaban recaudar fondos ya que estaban en situaciones complicadas. De a poco se fueron haciendo más populares y concurridas. Así surge la idea de hacer otra fiesta distinta, nueva, más periódica y con bandera gay: las Fiestas Plop!  Antes se hacían en el Teatro de Flores, en Rivadavia y Pergamino. Cambiaron de barrio pero más o menos mantienen la misma estética y la idea fundante. Son eventos temáticos, cada viernes hay un nuevo desafío integral. El vestuario, las coreografías y una pequeña performance sobre la temática en cuestión son parte del show de mitad de jornada nocturna.
03:00 am. “Caminando por Israel, un amorcito encontraré. Cariñito, amorcito, vamos, vamos a cantar. Israel, Israel que bonito es Israel. Israel, Israel en tus tierras bailaré”, cantan los parlantes. Es la canción En tus tierras bailaré de los peruanos Wendy Sulca, Delfín Hasta el Fin y La Tigresa del Oriente. Muchos lo cantan como si fuera el hit del verano. Y eso que hace tres años que suena ese tema. Parece que no para de llamar la atención.
Se llena. Hay calor y una energía que va en aumento gracias a los efectos de los vicios. Las Fiestas Plop siempre se caracterizaron por tener alcohol económico. Las barras de la pista de abajo están abarrotadas de gente ansiosa por gotas del néctar desinhibidor. El “Licor + Speed” que sale $30 es lo más consumido, sobretodo el de melón. Pega al toque ese líquido verde que aparenta artificialidad en todos sus aspectos. Pero que es rico y bien dulce, lo es.
“Todo sea para terminar del orto”, le dice a su amiga una chica apoyada en la barra. Tiene un piercing en la nariz al estilo vacuno, otro en la oreja con un círculo de aire en el lóbulo de la oreja derecha y uno en el labio inferior de la boca. Si esta chica no es lesbiana, trabaja en la Galería Bond Street. Aspectos que indican.
03:30 am. Se apagan las luces. Se abre el telón de terciopelo y empieza a sonar una canción desconocida. Una especie de remix de partes de la película Esperando la Carroza: “Ana María - de los Dolores - Buscaroli - de Musicardi. Puchero. Ravioles. ¿Dónde está la mayonesa? ¡Ahhhh! ¿Qué hizo con mi mayonesa? Flancitos. Tres empanadas. ¿Dónde está mi amiga?”. Mientras suena esa electrónica, los actores interpretan un personaje del film, hacen playback y hacen una coreo. Sus vestimentas son tal cual a los de la comedia. Todos los espectadores, atónitos desde la pista. Se ríen, bailan y saltan. El Teatro está lleno, abajo y en el piso que tiene arriba.
En el escenario están: la travesti estrella, conocida como La Payuca, que siempre se destaca en los shows; Berta, la gorda feliz; Francisco, uno de los chicos lindos del elenco; Zulma, es un hombre con peluca carre que está vestido siempre de mucama mala onda; Mechi, una cheta de Ramos Mejía; y otros más. Todos forman parte de un equipo bizarro que en esta oportunidad son parte de una película.
Suenan otros temas, típicos de la Fiesta Plop. Porque durante los años el staff han creado temas musicales y video clips. Mi Aldea, Paragua, Tonta pobre tonta, Parala, Desnudita entre otros. Y los habitués las conocen de pies a cabeza. Las bailan, gritan, y se mueven como serpientes borrachas.

Toda esta situación la ve Alan desde la parte derecha de arriba, donde hay lugares oscuros, donde los mortales pueden pecar hasta que los retiren del paraíso en el amanecer. Sin embargo, allí se hallaba solo, tranquilo y sobrio. Él es un joven de 21 años que estaba viendo el show de los bailarines guarros en el escenario. Hace poco que frecuenta este tipo de lugares y para él es un mundo nuevo en el que se siente más cómodo por contactarse con personas que tienen su misma condición sexual. “Estamos acostumbrados a vivir en un ambiente muy promiscuo, pero yo soy la excepción a la regla”, declara. Bien por él. Pero su sintonía no está encajando con la energía que hay en la pista de abajo.
04:30 am. Se escucha We found love de Rihanna. Los presentes saben muy bien lo que se viene. Bailan, cantan, y se van juntando de a grupos. Cuando llega el estribillo, se forma una masa homogénea de gente que salta para todos lados. El Pogo más grande del mundo del Indio Solari es un poroto al lado de esta bola excitante y rociadora de tragos. Tiran a ritmo un “¡Uh, Uh!” entre golpes y empujones de alegría, borrachera y descontrol. Esto es una verdadera fiesta y nadie queda exenta de ella.
05:40 am. “Oxigenada, zorra parada, cada vez estas más aguada, usa pomada de la campana para que se te quite lo arrugada”. Una cumbia irrumpe en el boliche: Te crees la muy muy de Amandititita. Profundo o no, las personas la cantan como si fuera un himno. Los gays bailan, están felices y son bastantes. Pero también hay heterosexuales dando vueltas. Y no se ve mucho una situación donde un chico es rechazado por alguien que no le gustan los hombres, ya que entre los homosexuales se reconocen entre sí. “Ojo de loca nunca se equivoca”, dicen algunos. Para reflexionar.
La noche se termina, ya se fueron algunos, pero los resistentes persisten hasta el final. Vaya a saber uno el final de cada uno de los que asistieron este viernes a Fiestas Plop! Cansados o no, los homosexuales, las lesbianas y las personas que apoyan la movida son parte de un submundo atípico y bizarro. Entre show, alcohol, amigos y mucho calor humano se puede pasar muy bien.

¡Gays, gays y más gays que salen a la calle con una sonrisa de oreja a oreja!



Enserio 

Arte subterráneo en Buenos Aires

No solamente en los museos se puede apreciar arte, sino también debajo de la tierra. Sólo basta recorrer la Línea D de subterráneos de Buenos Aires para darse cuenta. Las paredes de las estaciones contienen un riquísimo patrimonio cultural y artístico que las asemejan, junto a una exposición de esculturas, a una suerte de galería de arte bajo tierra. Pero los millones de pasajeros que viajan cotidianamente en subte no contemplan el valor de poder tener a la vista obras que muestran parte de la identidad nacional.
En una tarde fría de julio de Buenos Aires, muchas personas optan por transportarse en subte desde Belgrano hasta la Plaza de Mayo, y no saben que están en un museo público que expone esculturas y murales cerámicos de incalculable  valor. Desde la estación Congreso de Tucumán, la primera del recorrido, se pueden apreciar esculturas en bronce, yeso y madera del escultor L. Perloti, y un mural sobre la Reconquista de Buenos Aries en oportunidad de la invasión inglesa de 1806. Sin embargo, a nadie le es relevante. Suena el aviso del cierre de las puertas del tren y continúa el itinerario artístico.
Luego de un minuto de viaje, unos carteles grises indican que es la estación es Juramento, donde hay dos murales del pintor argentino Cándido López que representan la batalla de Curupaytí en la guerra con el Paraguay y una escena en el campo, del pintor realista y costumbrista Prilidiano Pueyrredón.
Continuando el tour por el microcosmos bajo tierra, se llega a José Hernández. Allí se muestran reproducciones de pintura del plástico argentino Raúl Soldi, con personajes de figuras alargadas en escena galante. En el piso superior de la estación, hay una exposición de esculturas que forma parte del ciclo “8 escultores 8 en el Subte”, una original propuesta gratuita que lleva adelante el programa Subtevive con el objetivo promover el arte en espacios públicos y establecer un contacto directo entre los pasajeros y la escultura.
Yendo en subte para el centro metropolitano, a partir de la estación Plaza Italia hasta Catedral, la última del recorrido, se encuentran las obras que, en base a dibujos del pintor Benito Quinquela Martín y de los plásticos Alfredo Guido y Rodolfo Franco, retratan una serie de oficios típicamente argentinos y algunos motivos ciudadanos de Buenos Aires. Los murales de esta serie iconográfica expresan la evolución en el tiempo de determinadas regiones y ciudades argentinas, retratando en uno y otro anden, el contraste de los paisajes serenos o costumbristas de 1830 y las imágenes modernas y tecnificadas de 1930.

Aunque a la mayoría de las personas que andan por este mundo subterráneo no perciban con detenimiento estos patrimonios culturales, hay que saber que se cuenta en las estaciones del Subte con un museo gratuito que muestra una fracción de la historia argentina para que el viaje no sea tan estresante, como lo suele ser en las horas pico de los días de semana.   
Enserio

Un lugar cerca que escapa de la ciudad

   A solo diez cuadras de Plaza de Mayo y detrás de los edificios que delimitan la zona de Puerto Madero, se encuentra uno de los pocos espacios verdes que todavía se mantienen en la Ciudad de Buenos Aires. La reserva ecológica brinda a centenares de turistas por día la posibilidad de un contacto directo con la naturaleza.
   Las 350 hectáreas la convierten en el lugar ideal para realizar, con absoluta tranquilidad, actividades de recreación, meditación o aerobismo que se organizan todos los días. A su vez, las visitas guiadas y los paseos recreativos recorren los distintos bañados, lagunas y bosques que rodean los terraplenes.
 
 Además, la Reserva ofrece charlas gratuitas y jornadas de capacitación vinculadas a las conservación del medioambiente.
 En ellas, participan asociaciones no gubernamentales, como Amigos de la Tierra Argentina y la Fundación Vida Silvestre, entre otras. Desde 1986, este espacio es indispensable para el refugio y desarrollo de más de 1500 especies, entre los que se encuentran 250 aves, 250 plantas, 23 reptiles, 10 mamíferos y 9 anfibios.
   Precisamente por estos motivos, la Reserva que supo ser balneario municipal, hoy es un Parque Natural y Zona de Reserva Ecológica, declarada por el Gobierno de la Ciudad y las organizaciones sin fines de lucro ya nombradas.

Atrejú

El arte es contradicción, dijo y me conquistó

Todo empieza con una ilusión. A veces es una ilusión nueva y otras veces lleva varios años acumulada. Pero de todos modos sigue siendo una ilusión.No está mal que las tengan, al fin y al cabo son las que les permiten seguir siendo felices. Todos quieren creer que son capaces de algo grande, pero nadie lo dice, cada uno lo cree por dentro porque alguien alguna vez les dijo que: “creer que son capaces de algo grande es motivo de vergüenza”.
¡Vergüenza es robar! Diría algún abuelo.
Lo que está mal es que no hagan nada con esas ilusiones. Lo que está mal es que no aprovechen las oportunidades, lo que está mal es que se terminen creyendo que no son capaces de algo grande. Y están cerca de creerlo, muy cerca.  Y casi se corta la luz.
Porque en ciertos momentos de la vida, en ciertas etapas, las personas tienden a creer que los trenes pasan una sola vez. Pero la verdad es que las vías están hechas para que los trenes circulen, y cada tren tiene muchos vagones. Además, a lo largo de las vías hay suficientes estaciones, y si pasa por todas en algún momento vuelve a empezar el recorrido.
Hasta que aparece esa posibilidad que todos, sin saberlo, estaban esperando. Ninguno cree ciento por ciento que esa posibilidad es propia. Todos se la proyectan a algún conocido, y algún conocido se la proyecta a ellos, pero en el fondo cada uno la quiere para sí mismo.
Es que las posibilidades en realidad no son nada, es decir, son posibilidades ¿pero que es una posibilidad sin acción?
Todos pueden tener una, o dos, o quince. Pero si no hacen nada con ella termina siendo nada, humo. O algo peor, porque una posibilidad sin acción se convierte en una posibilidad desechada, en una frustración, en una marca personal, en una mancha de humo.
Una posibilidad sin acción no se pierde, muta. Llevará un poco más de tiempo que se convierta en algo concreto, pero siempre hay alguien que la toma y la transforma en acción.
¡Y tienen que estar atentos! Porque no hay muchas, y a veces la misma está diseñada para varios de ellos. Por suerte lo están. Son jóvenes, tienen entre 18 y 32 años, tienen que tener esa edad o no serían jóvenes. Así son las reglas, estas reglas.

Son artistas aunque ninguno de ellos lo reconozca. Hacen música, obras plásticas, videos o actúan. Son artistas. Hacen cosas raras, algunas quizás sin sentido, o con un sentido difícil de encontrar. Son productores de sensaciones, muchas sensaciones. Risas o cara de “que interesante” entre algunos que recorren la muestra. La recorren sorprendidos, expectantes, la recorren analizando, pero analizando sin argumentos técnicos ni concretos, solo argumentos. Y no es prejuicio, de verdad la recorren así, y está bien.
¡Ah, la muestra!
Claro, la muestra se llama “La Bienal de Arte Joven Buenos Aires y es una plataforma bianual de exhibición, producción y formación para jóvenes artistas.  Premia obras terminadas y posibilita el desarrollo de nuevos proyectos artísticos. Apunta a ser un espacio de experimentación que dé lugar a nuevos lenguajes y formas de expresión a través del arte” y bla, bla, bla. 
Lo que importa no es la muestra, lo que importa son ellos, porque son quienes la llenan y quienes tienen la ilusión de que a mucha gente le guste lo que hacen.
Y ahí surge la contradicción. ¿Un artista necesita que alguien valore su obra?
¿Debería ser una expresión personal plasmada de una forma determinada que se corresponda con un estado anímico del autor? ¿O tiene que ser algo que le guste más al espectador que al propio artista?
Es intrigante. Es una exposición de arte en la que participan personas no reconocidas públicamente que enviaron sus obras o proyectos a un –experto- jurado para que sean evaluados. Jurado que tuvo la capacidad de determinar quiénes eran los “más artistas” de todos y podían participar de La Bienal. Así fue que “durante julio, un comité –compuesto por importantes referentes de cada una de las disciplinas- eligió las mejores propuestas. Durante agosto, septiembre y octubre quedaron seleccionados más de 700 artistas”.
Adentro es raro. Son todos más o menos parecidos, en lo que se ve al menos. Se supone que un artista debería ser único. Bah, ¿se supone? ¿quién supone?
Pero todos iguales seguramente no, ¿o sí? Es todo muy confuso, el arte es contradicción.
El lugar tiene un espacio abierto y algunos salones cerrados. Claro que es muy grande, es la Ciudad Cultural Konex (sede principal de La Bienal). Y es ideal para esta muestra. Está decorado como si los mismos artistas que exponen hubiesen intervenido cada espacio, pero no fue así.
Hay algo raro en  todo eso. O los artistas se adaptaron al lugar y a la muestra, o la muestra se adaptó a los artistas y al lugar, o bien el lugar fue adaptado a la muestra y a los artistas. http://www.youtube.com/watch?v=ihlIs-TBg2U
Parece lo mismo pero no lo es. O quizás sí. Es todo muy confuso, el arte es contradicción.
Más intrigante es que un artista busque la exposición o, mejor dicho, que le pida permiso a otro para tener exposición. Y que se vistan todos iguales, y que se peinen de forma parecida.
Es ahí cuando sacan a relucir su condición de ser humano. Se delatan.
Como si los que quisieran estar expuestos fuesen ellos y no sus obras. Como si ser artista estuviese de moda. Si, de moda. El arte está de moda.
Suena horrible. Lejano a todo aquello para lo que fue diseñado el arte, si es que fue diseñado para algo. Pero no hay nada más contradictorio que el arte y la moda. Que el arte y la moda juntos.
¡Es un colmo! No hay que ser recurrente pero es como uno de esos chistes.
¿Cuál es el colmo de un bombero? Apagar el fuego con una galletita de agua.
O el colmo de un jardinero. Que su novia lo deje plantado.
¿Cuál es el colmo de un artista? Estar de moda.
Más de 150 mil personas pasaron por las distintas sedes que conformaron esta muestra (entre las que se encontraban la mencionada Ciudad Cultural Konex, el Centro Cultural Borges, el Teatro del Abasto, el Teatro Beckett, El Extranjero, el Espacio Callejón, el Abasto Social Club, el Teatro IFT y el Portón de Sánchez), y muchas de ellas se fueron con los rostros llenos de satisfacción por haber visto y escuchado y sentido, todo aquello que fueron a ver, a escuchar y a sentir.
Y los ganadores de cada disciplina fueron premiados el día del cierre de la muestra (domingo 17 de noviembre). Se los veía sonrientes, extremadamente contentos. Con los ojos igual de brillantes que aquellos jóvenes que ganaron cada uno de los realitys musicales que pasaron por televisión, y de los que hoy ni siquiera se recuerdan sus nombres y mucho menos se sabe si siguen trabajando de músicos o, incluso, si grabaron aquel disco que tanto les prometieron.
Entonces ¿quién puede decir que el arte y la moda son contradicción? ¿Y si lo fuesen cuál sería el problema?
Dicen que el arte es una expresión del alma, que debe generar sentimientos en aquellas personas que son capaces de captar la sensibilidad del artista en el preciso instante en que dio la pincelada, o tocó aquella nota.
Si esto fuese real, y más 150 mil personas así lo vivieron, es número suficiente para asegurar que todo lo que se expuso en La Bienal es arte. ¿Y si solo hubiese sido una persona? También sería suficiente, porque el arte no es matemática, no es estadística. El arte es arte, y quizás moda, y no está mal.
 Es todo muy confuso, el arte es contradicción.

Atrejú